Sobre Betina Edelberg


Bernardo Ezequiel Koremblit

comenta “Imposturas” en la revista “Ficción” Mayo-Junio, 1961


El tan agudo Reverdy dejó dicho que “el valor de una obra reside en razón del agudo contacto del poeta con su destino”. Cuando la profunda iasicular- ¿y por qué no decir también esotérica? – poeta Betina Edelberg escriba - ¡falta tanto todavía! – sus Memorias, podremos saber si su poesía y en este turno la de “Imposturas” es la de un
contacto agudo o de qué naturaleza es, aunque ya mismo se presiente la existencia de esa simbiosis. Los veintiseis poemas de “Imposturas” constituyen la creación de quien es poeta integral: poeta de su propia vida y auténtica poeta en el ejercicio de transmitir (escribir) esos estados físico y metafísico, que conviven solo en el poeta de raza.
Si Figura solitaria – poema moderno fecundado por entrañable savia eterna – ejemplifica una objetividad exhumadora de una inteligente visión interior, y Banquete es, además de una elocuente expresión de omnipoesía el testimonio de una individualidad en pugna con “esa mezquina versión que ha de llamarse alguna vez historia”, Como una nostalgia revela el espíritu de quien ha comprendido el tema o uno de los temas insenescentes de la vida, comprensión traducida en esa poesía condensadora – palabras precisas, sentido poético insobornable, realidad de lo posible y contingible – de imágenes al servicio de una intelección, de intelecciones sirviendo a figuras que luego serán sus portavoces. Ya se ve que Betina Edelberg no hace concesiones sino a la severidad de la poesía, y el hecho mismo de su panteísmo poético, con su acompañamiento de metafísica, lirismo y expresividad semirevelada, descubre que sus concesiones están dedicadas únicamente a ese fenómeno exigido a los grandes poetas y solo por ellos satisfecho: descubrir el ser y saber que el descubrimiento impone, desde ese instante, al ser poético y a la omnipoesía que se ejerce precisamente con concesiones como las señaladas. Estas observaciones un tanto de estética filosófica están impuestas por Imposturas, libro en el que Betina Edelberg deja el testimonio de una de las voces más singulares – y muy personales- de la poesía nacional.

Bernardo Ezequiel Koremblit