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Miguel Eduardo Dolan
comenta “Mutaciones” de
Betina Edelberg en la Revista “Criterio”, Nº 1477, Junio
de 1965.
Mutaciones, por Betina Edelberg.
Francisco A. Colombo, Bs. As. 1964.
El reciente poemario de la autora de “Imposturas”, aparece
en volumen de gran formato, ilustrado por Juan Carlos Benítez, que
ha sido distinguido con mención especial a la mejor producción
gráfica de 1964. El libro contiene dos partes bien individualizadas:
los primeros treinta y ocho poemas cuyos temas, sin implicar reiteración,
están sugeridos en obras anteriores — “Crónica
menor”, por ejemplo —;
Y el poema “Mutaciones” que consta de doscientos noventa y
nueve versículos y debe ser juzgado independientemente.
Entre los primeros, “Sábado a la noche” parece reunir
todas las características de su poética: el rechazo de la
altisonancia; el empleo de lugares comunes a fin de lograr una mayor captación
de la vivencia, hostigada por la limitación de lo material; el “amor” por
las lagunas o vacíos de la erudición libresca; el repensar
las experiencias anteriores con una equidistancia atemporal, en la que
se combinan la fijeza de un testigo intachable con una ternura maternal;
la verificación de la índole cíclica de los “descubrimientos” y
los errores de cada individuo, de cada generación; y el humorismo – un
tanto amargo- de quien observa lúcidamente la condición humana.
“
Mutaciones” , a su vez, es un poema generacional —intento singular
en nuestra poesía actual, que refleja otro posible modo de expresión
de la autora—, crónica, despojada de rasgos anecdóticos,
del régimen dictatorial que reaparece periódicamente en el
decurso histórico. Su testimonio de superior jerarquía, sin
detalles mezquinos, revela la búsqueda de lo universal a través
de las cotidianas tribulaciones que forman la herencia de los hombres.
En su poemas, Betina Edelberg abarca zonas amplias para comunicarse: la
disposición gráfica de los versículos representa esta
necesidad.
Su destreza en la graduación de los silencios prueba que sabe musitar —aun
callar—con elegancia, para vencer la fatiga del idioma, mientras
gira incesantemente en torno a los objetos culturales o se lanza a la conquista
de espacios poéticos. Es interesante el cambio de tempo que ensaya
en ciertas composiciones, técnica que participa de la habilidad
métrica, de la sutil mudanza del sentido de una misma palabra repetida
en progresión tendiente a captar inestables ahoras y futuras sensibilidades.
No obstante, los poemas son resueltos siempre en forma catártica.
La poetisa brinda soluciones al lector: “...de pronto creo que nada
ha de perderse / y sin habernos ido / es como si volviéramos / y
nos reconociéramos por nuestra desgarrada manera de perdurar / por
nuestra manera de no comprender / y de no renunciar sin embargo al fuego
de la esperanza”. Por ello es paradigma de la “anti-resignación”,
aunque procure darnos la impresión de que superada una etapa incipiente,
no desea llegar a la elaboración que podría significar elocuencia
sin autenticidad: “...y es como si algo se expresara en términos
de aurora....
Miguel Eduardo Dolan
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