Sobre Betina Edelberg


Guillermo de Torre

sobre “Ciudad a solas” (4 de Septiembre, 1959)

Ha penetrado usted muy bien, Betina, esa opacidad, ese hastío y esa atracción última de nuestros días urbanos.

 

Guillermo de Torre





Entrevista de Francisco Ayala a Guillermo de Torre
antes de partir para Argentina, Madrid 1927


Una mano sobre la máquina de escribir. En la otra, un diccionario tecnológico. Giros de máquinas. Melena de locomotora. Al fondo, una perspectiva urbana. Y un meridiano -el meridiano de Madrid- arco iris -lineal, incoloro- de aquel paisaje.

¡Ah! Y un trasatlántico sobre el mapa -España y América- del emblema de La Gaceta Literaria.


Le pregunto:

-¿Escribe usted de primer intento las cosas a máquina? Porque su estilo es terso, metálico, compacto. De hombre que escribe a máquina -con pulsación personal, es cierto.


-La máquina me facilita la ideación. Me anticipa la imprenta. Me da las cosas cuajadas, fundidas...
En cuanto a mi estilo, quiero defenderme de una imputación -la de escritor difícil-, etiqueta a la manga puesta por el que ama los adjetivos hechos, por el que se aterra a la primera impresión, sin contar con las evoluciones y las últimas cosas de uno... No soy un escritor difícil. Yo rechazo esa imputación -consecuencia de mis "Hélices". Yo me arranco esa etiqueta de la manga, en nombre de la claridad acrisolada...
Naturalmente, mi concepto de la sencillez es otro que el ritual. A la sencillez hay que llegar por el camino de la complicación. Para que sea una sencillez depurada, una pura desnudez la del estilo... Pero el público -cualquier público- distingue toscamente.
Insisto -yo veo en el porvenir el artículo escrito directamente ante la linotipia-, insisto.


-Pues adivinaba la máquina, querido Guillermo, en el ritmo, en el pulso y hasta en el color de su prosa.


—¡Ah! Quizá resabios del momento primero, cuando comulgaba en el futurismo. Fui un apasionado del maquinismo... No es que haya abominado de él, pero tampoco soy su idólatra. Ahora acepto esos elementos, pero con serenidad: no se me suben a la cabeza. Los asimilo en mi sensibilidad como cualquier otro elemento del día.

... sigue...



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